31 de octubre de 2015

Buñuelos de viento

Cómo se me va notando el paso del tiempo...

Y no me refiero a las arrugas ni las canas (ese tema, de momento, lo tenemos dominao), sino a que cada vez me parezco más a mi madre!!!!



Que sí, que estoy cogiendo manías suyas de las que me llevo riendo toda la vida.

Así que ahí me tenéis, guardando los tarros vacíos del tomate frito o la mermelada como si no hubiese un mañana...
Que es ver a mi marido ir a tirar un tarro a la basura y me convierto en Gollum:

Nooooo, mi tesorooooooo!!! Mi tarrito bonitooooo!!!

Con lo que me he metido yo con ella:


-Mamá ¿pá que quieres tanto tarro, si no los vas a gastar en la vida y ya no tienes donde ponerlos?
-Bueno, tú déjalos ahí, por si acaso....

Y en esas estoy yo, con una balda del armario llena de tarros por si acaso...(eso sin contar los que guardo porque me parecen bonitos, que esos ya directamente ni los uso porque me da pena).


O a la hora de preparar comidas, que me da igual que seamos 2 que 200, yo preparo la misma cantidad, no se vaya a quedar la gente con hambre!

Y claro, ahora entiendo a mi madre, cuando te sirve las lentejas y siempre, pero siempre, te echa un cazo más de lo que tú le habías pedido...

-¡¡Hombre, pues tú verás, no las voy a tirar, con la cantidad de ellas que hay!! ¡Qué coméis como pajaricos!! (aunque el pajarito en cuestión pese 100 kg en canal).

Pero lo peor de todo es lo de los buñuelos....

¡Eso sí que me trae por la calle de la amargura!!

No, no es que tengamos una receta secreta súper-maravillosa con la que preparamos los mejores buñuelos al norte del Río Duero, y que nos haga estar horas y horas preparándolos, ante la inmensa demanda de amigos y familiares, conocedores de las maravillas que elaboran estas delicadas manos...

Qué va.....

¡¡¡Es que no nos salen!!!!!!

Hemos probado miles de recetas: con levadura, sin ella, con más o menos cantidad de azúcar, fritos a fuego suave, a fuego fuerte....

¡¡Y no hay manera!!


Bueno, realmente sí que nos salen, pero sólo la primera vez que las hacemos, si repetimos la misma receta al año siguiente ya no funciona.

Y ahí nos tenéis a las dos llegando estas fechas, trapicheando con las recetas de los dichosos buñuelos...
La receta de la vecina, la de una amiga, la carnicera o la peluquera, cualquiera nos viene bien, todo para intentar conseguir esas deliciosas bolitas de masa frita.

¡Pero eso se acabó!

Porque desde que conseguí esta receta de Virginia, llevamos no sólo 1, ni 2, sino hasta 3 años preparando unos deliciosos buñuelos.
¡¡Toma ya!!

¡¡Yuhuuuuuuuuu!!!!!

Así que aquí os dejo la receta que ha conseguido que en mi casa se preparen buñuelos.

Pero no os preocupéis, que mi madre y yo ya encontraremos otra cosa con la que obsesionarnos, como el arroz con leche perfecto, por ejemplo....




Preparación

Comenzamos tamizando la harina junto con la levadura y reservamos.
A continuación ponemos el agua, la leche, el azúcar, la sal y la mantequilla en un cazo y llevamos a ebullición. Una vez que comience a hervir mantenemos al fuego 2 minutos más.
Pasado este tiempo apartamos el cazo del fuego y volcamos toda la harina de golpe.
Con una cuchara de madera comenzamos a remover la masa hasta obtener una mezcla homogénea que forme una bola y se separe de las paredes del cazo.
Dejamos templar unos minutos para que al añadir los huevos estos no cuajen.
Cuando la masa este templada comenzamos a añadir los huevos, siempre de uno en uno, y sin añadir el siguiente hasta que el anterior esté perfectamente integrado.
Una vez que tengamos lista la masa, la dejamos reposar tapada unos 30 minutos.
Finalizado este tiempo de reposo comenzamos a freír los buñuelos.
Ponemos abundante aceite en una sartén, el suficiente como para que los buñuelos floten en el, y lo calentamos a fuego medio hasta que alcance la temperatura adecuada, que esté caliente pero sin humear, o 170º si utilizáis termómetro de cocina.
Cuando el aceite esté listo comenzamos a añadir porciones de masa, no demasiado grandes y procurando no llenar demasiado la sartén para que el aceite no se enfríe y los buñuelos tengan espacio suficiente.
Cuando los buñuelos se vayan friendo veremos que comienzan a crecer y que ellos solos comienzan a darse la vuelta. Si vemos que alguno no se da la vuelta, lo giramos nosotros.
Los dejamos hasta que veamos que están dorados por todas partes.
En ese momento los sacamos a un plato con papel absorbente para eliminar el exceso de aceite y, si vamos a rebozarlos con azúcar blanquilla, lo hacemos antes de que se enfríen para que se adhiera bien el azúcar.
Vamos friendo por tandas hasta acabar con toda la masa.
Si vamos a dejarlos tal cual ya tenemos listos nuestros buñuelos.
Si queremos rellenarlos con nata montada o crema pastelera, dejamos que se enfríen, y una vez fríos y ayudándonos de una manga pastelera y una boquilla de rellenar, vamos introduciendo el relleno.
Si no hemos rebozado los buñuelos  con azúcar blanquilla, los espolvoreamos con azúcar glas justo antes de servirlos.

Notas

  • La masa de los buñuelos es un poco pesada de trabajar, no difícil, pero sí que requiere de brazos potentes, por lo que si tenéis una amasadora de brazo no dudéis en usarla, ya que nos facilita mucho el trabajo. El proceso con la amasadora es igual: una vez que hayáis añadido la harina, removemos un par de veces la masa con la cuchara de palo y lo volcamos en el bol de la amasadora. A partir de aquí seguimos el proceso igual que en la receta pero en vez de a mano, a máquina.
  • La textura de la masa tras añadirle los huevos debe ser blandita pero no demasiado líquida. Esto varía sobre todo en función del tamaño de los huevos, por lo que si son muy grandes quizá con dos sea más que suficiente. Es mejor que nos quede la masa un pelín seca que no demasiado líquida.
  • La temperatura del aceite es importante, ya que si esta muy caliente los buñuelos se freirán muy rápido por fuera quedando crudos por dentro, mientras que si está muy fría hará que queden demasiado aceitosos.
  • Al añadir la masa a la sartén podemos hacerlo utilizando una cucharita y ayudándonos del dedo para empujar la masa, o bien formando bolitas con las manos, que nos habremos untado ligeramente con aceite para que no se pegue la masa a las manos. Si utilizamos este método es importante que nos os paséis con la cantidad de aceite que os echáis en la manos, ya que si no, esta creará una película que no dejará crecer a los buñuelos.
  • Si no tenéis boquilla para rellenar, podéis usar cualquier otra que tengáis por casa, solo tened en cuenta que, previamente, tendréis que hacer un corte al buñuelo con las tijeras para poder introducir la boquilla.
  • Si voy a preparar buñuelos rellenos me gusta espolvorearlos con azúcar glas, y si voy a dejarlos sin rellenar prefiero rebozarlos con azúcar blanquilla, pero esto es una manía personal. podéis rebozarlos con el azúcar que prefiráis.


5 comentarios:

  1. Oye, tener un centenar de tarros nunca está de más, quien sabe, quizás algún día te de por hacer 100 kilos de tomate frito, o de mermelada, o de... jajaja. Siempre lo diré, parecernos a nuestras madres no nos debe dar otra cosa que un orgullo enorme :)
    Yo soy mil veces más de castañada, así que me llevo un par de estos, tienen una pinta ESPECTACULAR, enhorabuena a las dos.
    Un beso Leti.

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  2. Desde luego cuando llegue ese día no me va a pillar desprevenida, jajajaja!!! y tienes toda la razón Debora, para mí no hay orgullo más grande que parecerme a mi madre :-)
    Un besote guapa!

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  3. Respuestas
    1. Hola Nandi!
      Puedes encontrarla en cualquier tienda de repostería tanto física como on-line. Pero si tienes cualquier otra boquilla por casa, puedes utilizarla con la precaución de hacer un corte en cada buñuelo con unas tijeras antes de rellenarlo.
      Un besote

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