25 de noviembre de 2015

Sopa de castañas

El otoño tiene algo de mágico.....

¡¡Es tan romántico y bucólico!!

Sí, ya se que voy a caer en todos los tópicos:

  • Las tardes de lluvia, en las que te quedas en casita con un buen libro o una buena pelicula, un café calentito y tu mantita de cuadros bien acurrucada en el sofá viendo la lluvia golpear suavemente los cristales. Tiene algo de hipnótico...
  • Esa luz tan mágica.
  • Las hojas, con esos colores, amarillos, ocres, cayendo de los árboles...
  • Un chocolate calentito a media tarde.
  • Un cucurucho de castañas asadas con el que calentarte las manos, mejor aún si las asamos nosotros mismos en la chimenea.
Pero luego se impone la realidad, y pienso que quien descubrió todas estas cosas taaaaaaan maravillosas del otoño debía de vivir en un universo paralelo al mío, y desde luego no tenía que trabajar, ni obligaciones de ningún tipo.

¿Por qué?

Pues porque efectivamente las tardes de lluvia en casita son maravillosas, pero no nos engañemos, lo más probable es que también llueva durante el resto del día, especialmente, y esto está totalmente demostrado, a la hora de ir a recoger a los niños al cole.

¡¡No falla!!

Ya puede llevar 1 hora sin caer una gota, que cuando se acerque la hora de la salida del cole va a caer el diluvio universal!!

Y efectivamente la lluvia tiene algo de hipnótico.

Lo sabes por el alelao' que va en el coche delante tuyo en el atasco, que se ha debido quedar pasmao' con tanta agua y no hay manera de que avance...



La luz del otoño sí es mágica, sí, al menos mientras dura, porque como a las 6 de la tarde ya es de noche...Y eso siempre que no esté nublado o haya niebla, como suele ser habitual por estas tierras mías, que entonces a las 4 de la tarde ya ni ves!

Lo de las hojas, pues a mí particularmente sí que me gusta, pero vamos, que no veo yo a los barrenderos diciendo: "Uy, que color tan maravilloso tiene esta hoja, entre el ocre claro y el amarillo intenso. Si es que no tiene nada que ver con las 999.954 hojas que llevo recogidas...¡Qué gama cromática tan espectacular tiene el otoño!!

Vosotros tampoco lo veis ¿verdad?


El tema del chocolate, está buenísimo, claro, pero desde luego no para todos los días (aunque uno al año no hace daño, oiga).

Y lo de las castañas asadas....Pues un rollo, la verdad, porque a mí, por gustarme, me encantan, pero no me sientan tan bien como yo quisiera. Vamos que (aquí entre nosotros) me dan unos gasecillos curiosos.

¡Qué son los de casa los que me van a terminar por prohibirlas!!



Pero bueno, como hay tantas maneras de preparar las castañas, no voy a tener que renunciar a ellas.

Como por ejemplo en la receta que os traigo hoy, una deliciosa sopa de castañas, que podemos tomar como sopa, o bien tipo crema, depende de lo ligera que queramos dejarla.

Pues hala, aquí os dejo la receta, que yo voy a por mi chocolate caliente, para tomarlo mientras leo un libro, bien acurrucada en el sofá con mi mantita de cuadros, que el frío, por aquí, ya ha hecho acto de presencia....

Preparación:
Comenzamos preparando las castañas, a las que les haremos un corte y las pondremos a cocer en una cazuela con agua durante unos 20 minutos aproximadamente (si las castañas son viejas necesitaran algo más de tiempo). También podemos cocerlas en el microondas, bien cubiertas de agua en un recipiente apto para microondas, durante unos 10 minutos a máxima potencia. En ambos casos, una vez cocidas, las pelamos y reservamos.
En una cazuela ponemos a calentar un par de cucharadas de aceite de oliva.
Picamos el puerro, la cebolla y los ajos y los añadimos a la cazuela.
Rehogamos un par de minutos a fuego medio, añadimos el agua y el caldo y salamos.
Una vez que rompa a hervir, bajamos el fuego y tapamos la cazuela.
Cocemos durante 15 minutos y añadimos las castañas, reservando 3 ó 4 para la decoración.
Dejamos cocer 5 minutos más.
Pasado este tiempo apartamos del fuego y retiramos un par de cucharones del caldo de cocción, que reservamos para más tarde corregir el punto de espesor de la sopa.
Trituramos todo junto con una batidora y añadimos la nata.
Salpimentamos y con el agua de cocción que teníamos reservada ajustamos el espesor de la sopa, añadiendo más o menos agua dependiendo de si queremos la sopa ligera o algo más cremosa.
Para decorar y dar un puntito crujiente a nuestra sopa, vamos a preparar unas castañas caramelizadas.
En una sartén ponemos a calentar 20 gramos de mantequilla, una cucharadita aproximadamente, y cuando se funda añadimos picaditas las castañas que habíamos reservado para la decoración. Salteamos hasta que vayan cogiendo color, momento en el cual añadimos 15 gramos de azúcar, una cucharada sopera. Seguimos removiendo hasta que se comiencen a caramelizar, con cuidado de que no se nos quemen, retiramos de la sartén y coronamos con ellas nuestra sopa.

¡Qué aproveche!

Notas:

Podéis sustituir el caldo por agua, de modo que utilizaríamos 1,5 litros de agua.
Como hay que barrer para casa, yo os recomiendo utilizar castañas de Aliste (Zamora) que son de gran tamaño y una calidad excepcional.



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